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Todo lo que debes saber sobre la Pirámide de Kukulkán, Chichén Itzá

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Si pensamos en la Península de Yucatán, pocos lugares pueden igualarla en materia de turismo: el encanto de sus playas se ve acompañado por la delicia y variedad de su gastronomía, a la que además se suman opciones para el ocio y la recreación. Pero quizás, el rasgo diferencial lo constituya el misterioso mundo maya, del cual Chichén Itzá es un emblema.

Apostadas allí, en perfecto orden, están las diferentes construcciones, que despiertan la incredulidad absoluta de quien pone sus pies por primera vez, pues las mismas, de grandes dimensiones fueron colocadas sin ayuda de ninguna tecnología moderna. Y a pesar de que nuestra mirada vaga inquieta, tratando de abarcar todo, en un primer momento es la Pirámide de Kukulkán la que llama la atención colectiva. Para apreciarla de verdad, es preciso mirar más allá, trascender el presente y viajar al pasado, abandonar lo concreto y apelar al simbolismo.

La riqueza arquitectónica del lugar también puede pensarse como riqueza histórica ya que allí nada ha sido dispuesto al azar: cada piedra, su orientación, los dibujos tallados encierran en si mismos sentidos mucho más profundos de lo que uno puede imaginar, llevando a que este rincón maya sea mucho más que una propuesta turística interesante.

La Pirámide, también conocida como El Castillo, es un homenaje al Dios Kukulkán, o serpiente emplumada, y cuenta con una altura total de 30 metros, 4 fachadas cada una de las cuales tiene una escalera central. Lo sorprendente de la construcción es el efecto que recrea durante el 21 de marzo y el 21 de septiembre, cuando la deidad desciende a derramar sus bendiciones, gracias al juego de los rayos solares al penetrar en el edificio. La sabiduría de los mayas se confirma en este momento ya que la pirámide es mucho más que eso: es un calendario de 365 días, contando los 91 escalones de las 4 fachadas y la plataforma superior. Esto corresponde con su calendario haab y les permitía a los mayas identificar en qué época del año se encontraban y determinar cuando era el momento de cosecha y siembra de la milpa, alimento que formaba parte de su dieta cotidiana. De esta manera, aquello que hoy vemos bajo el lente de lo extraordinario, antaño representaba una forma de orientarse y desenvolverse en sociedad.

Si bien la Pirámide de Kukulkán es la pieza maestra de Chichén Itzá, es innegable que el conjunto en su totalidad representa una verdadera obra de arte: el Observatorio, el Cenote, el Templo de las Mil Columnas, el Juego de la Pelota. En todas ellas, hay simbolismo y tradición, la astronomía plasmada en magnificas construcciones, la matemática proyectada en cada pared.

Esta espectacular combinación de la naturaleza envolvente y caprichosa y de las milenarias construcciones en donde se oculta la memoria hace de este rincón maya un motivo más que válido para dedicarle unas horas de excursión. De aquí, ¡nadie saldrá sin haber sido tocado por el asombro!

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